30/12/2011

Una historia italiana - 6. Ojos Azules


(Capítulo anterior: 5. Dile
Primer capítulo: 1. Cuestión de tiempo)

“Cuando tomaste una maleta y partiste en busca de tu hermano, admito que ese día morí un poco por dentro. Los años contigo - ahora lejanos - me acostumbraron a tu sonrisa espontánea, a tu voz ronquita, a tus bromas tontas. Fue recién después que me llamaste de madrugada para despedirte cuando me di cuenta que era demasiado tarde para decirte que no quería ser más tu amigo, que te amaba, que te seguiría a donde vayas y - sin importarme el lugar - podría hacerte feliz. Pero como siempre, la voz de mi corazón fue tan débil que se perdió en el aire y lo único que me escuchaste decir fue un “cuídate mucho, llámame si me necesitas”. ¿Por qué te fuiste Ojos Azules? ¿Por qué me dejaste aquí con los sueños que tenía para nosotros?

Pero no te culpo, quizá nunca sospechaste lo que sentía por ti.

Supe que encontraste a Filippo en Roma. El mismo que se fue de casa cuando tú tenías once y él diecisiete. Al que me decías que no le perdonarías el no haber estado cuando más lo necesitabas. Aquel hermano que mandaba dinero a tus padres sin mayores detalles y que llamaba una o dos veces al mes sólo para decir que estaba bien, para escuchar la voz de la mamá, que se angustiaba pero nunca se resignó a dejarlo ir. Era conmovedor cómo trataba de persuadirlo diciéndole que iba a preparar un banquete con sus platos favoritos para que regrese, aunque sea de visita. Con lo rico que cocina tu mamá, yo habría viajado de inmediato.

Tu hermano trabajaba, por así decirlo, entre amigos. Y era muy bueno haciendo lo que hacia, el dinero que ganaba era diez veces más de lo que cualquier chico de su edad podría ganar.

Supe también que Filippo te trató mal, que te hizo llorar. Y que a pesar de todo te quedaste a su lado. Siempre admiré tu fuerza interior, que sería capaz de mover las nubes solo para descubrir al sol en invierno. Y te quedaste con él sólo para hacer que regrese a casa, pero tu plan no funcionó. Ya los amigos te conocían, ya te habías enterado de lo que tu hermano hacía. Una mañana despertaste y al darte cuenta finalmente que estabas en un mundo que no era el tuyo intentaste huir pero era muy tarde. Ojos azules, no merecías ver lo que viste.

Cuando me llamaste supe que me necesitabas, porque así te lo dije la última vez que hablamos. Sin embargo luego de escucharte estaba tan furioso con la situación, con tu hermano, que en lugar de darte apoyo maldije tus buenas intenciones. Me di cuenta que la había cagado de nuevo cuando sentí tu respiración acelerada del otro lado de la línea antes de que colgaras. No sabes cuánto y cuán amargo lloré esa tarde. En lugar de ser un hombre en el que podías confiar, quien te pudiera proteger, yo no era más que un cobarde, un maricón.

Pero te encontraré Ojos Azules, ya mi mochila está lista. Espero hacerlo cuanto antes, sé que estoy contra el tiempo. Espero también que perdones mis palabras y entiendas que siempre contaste conmigo, regresarás bien a casa, así debas despedirte de Filippo para siempre.” Angelo.

- ¿Ya la tienen?
- Tuvimos un problema
- ¿La tienen o no?
- La tendremos, pero Stefano no está conmigo.
- ¿Y a dónde mierda se ha metido? ¿No estaban juntos?
- …Stefano cayó al Tíber con el amigo del español. Tuve que escapar. Seguro saldrá en las noticias, no sé si están vivos.
- Anda al bar de Fausto y llévate a su primo, no regreses sin Camila. No me importa ya el español, claro que si tienes la oportunidad sabes qué hacer.
- Entiendo. Te llamo después, Filippo.


Continuará...

Siguiente capítulo: 7. Calles de piedra

2 comentarios :

  1. Eduardo que continúes escribiendo, que ya bien lo haces...Ya estamos viviendo el 2012, felicidades para ti.
    Un abrazo.

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  2. Nuevamente, Feliz 2012 Taty!!

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