12.1.12

Una historia italiana - 7. Calles de piedra

(Capítulo anterior: 6. Ojos Azules
Primer capítulo: 1. Cuestión de tiempo)
Colosseo. Roma - Italia

Dos de la madrugada. Un hombre camina aceleradamente por  las calles empedradas, -ahora desiertas- del centro de  Roma, tratando de no hacer mucho ruido con los zapatos. Si bien es una hora en que la ciudad duerme, aparecen personajes misteriosos que conviven en siniestra armonía con la inmundicia y la soledad. Siente que alguien lo sigue, no detrás de él sino en la vereda del frente, a media cuadra. Está agotado y el calor del verano ha secado su boca. Ve que pocos metros más adelante hay un grifo de agua pero sabe que si se detiene enfrentará a su persecutor. La sed mortal que tiene hace que beba desesperadamente el agua que recoge con sus dos manos. Siente alivio, el agua está fresca y también ha mojado su cabeza. De pronto su vista se nubla, todo se torna borroso, ahora oscuro, se desmaya…
A pocos kilómetros de ahí, cerca de la autopista, Camila y Pietro miran en silencio la carretera, dentro del auto estacionado de Mariano. Las últimas horas estuvieron conduciendo sin rumbo, evitando calles congestionadas – cosa casi imposible en Roma – escuchando la radio en busca de noticias sobre el incidente.

- Yo lo traje aquí. Es mi culpa…
- No sabemos nada aún, no te pongas así. En todo caso, la culpa de que ustedes estén aquí es solo mía.
- ¿Me puedes contar de una maldita vez qué es todo esto?
- Discúlpame, solo puedo explicarte unas cosas…
- ¡¡Mi amigo puede estar muerto por tu culpa!!  - gritó Pietro rompiendo en llanto- ¿Y vas a seguir callada?
- ¡¡Si no lo hago es porque entonces tendrían que matarnos a los dos!!
- Dime quién eres por favor… Por qué estoy aquí y no en Milán.
- Porque te pedí que me salvaras sin conocerte. Me has rescatado ya dos veces, nadie ha hecho algo así por mí jamás. Yo también me pregunto quién eres, por qué lo haces.
- Rescatarte de qué, a qué huyes.
- A un amor…
- Mierda entonces es un maníaco y ahora pensará que soy tu amante. Nos jodimos.
- Jajaja
- Cómo te puedes reír, ¿estamos en este lío por un ex novio tuyo?
- Si fuera así no estaríamos ahora conversando. Te diré algo, yo soy de Trento y estuve en Milán y ahora estoy aquí por mi familia a la que amo, pero mi vida se ha vuelto algo que no soporto y quiero regresar, ser quien era antes. A ser libre…

Su voz quebrada y sus ojos brillando, mirando siempre a la ventana hicieron que Pietro se calmara un poco. Al menos había dicho de dónde era y que no la perseguían por celos. Encendió nuevamente la radio y cambió la estación de noticias por una de música.
-      No nos iremos sin Mariano – le dijo ella tocándole la pierna y mirándole a los ojos con dulzura.
Pietro asintió con la cabeza. Sintió de repente un desvanecimiento, su cuerpo pedía descanso. Bajó ligeramente el volumen de la radio y reclinó un poco su asiento. Camila lo imitó y el silencio de la noche solo era interrumpido por el programa de radio.

Termina la primera hora de programa, gracias noctámbulos como siempre por sus pedidos y ahora damos pase a nuestra esperada ¡¡Sección de románticos!! Abrimos nuestras líneas para sus llamadas y dedicatorias. ¡Adelante!
-  Hola…
- ¡Muy buenas noches, cuál es tu nombre y de dónde nos llamas!
- Angelo, de Roma.
- Chico tímido, de pocas palabras pero seguro de gran corazón, ¡Dime pronto tu canción y a quién se la dedicas!
- Iris, de Biagio Antonacci... Para Camila, estoy en Roma. Si me escuchas, donde estés, llámame.
- ¿Pero Angelo, qué has hecho para tenerla lejos de ti?
- …Creo más bien que no la tengo conmigo por cosas que no hice.
- Conmovedor, realmente. Gracias por tu llamada y Camila, ¡Por favor no lo hagas sufrir! ¡Vamos con la canción!

Continuará…
Biagio Antonacci - Iris

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