30.10.14

La camioneta azul [cuento de terror]

Historia basada en hechos reales
la camioneta azul

Doctor, este será mi último mensaje y usted puede ser responsable de los crímenes que ocurran de aquí en adelante. Algo que me agobia desde aquella noche, más que la horrible escena grabada en mi memoria, es el pensar que puede estar repitiéndose en cualquier momento, como ahora que escribo esta carta. Yo no estoy demente ni tampoco soy un drogadicto. Admito que esa noche había bebido de más pero no era motivo para que me abrieran un expediente policial ni clínico. Antes de ese viernes yo tenía una vida normal, como la tiene cualquier chico de veintitrés años. Han pasado cuatro meses que para mí han sido un completo infierno. Le pido disculpas por haberlo golpeado la primera vez que acudí a su consultorio, sé que nada justifica la violencia, fue la impotencia de no poder lograr que usted me creyera. Estoy agotado mental y físicamente, agotado de que se burlen de mí, de que me llamen loco, de tener que tragar esas pastillas y la comida terrible que aquí sirven. No puedo ver ni siquiera a mis padres porque me pongo a llorar de inmediato y me da una crisis de nervios. La situación es insoportable. Antes de dar el siguiente paso, le contaré nuevamente lo que pasó la noche de ese viernes tres de octubre, el día que mi vida cambió para siempre.

Esa mañana me habían dado el resultado de mi examen de Marketing y para mi sorpresa había aprobado con un buen puntaje. Era una de las pruebas que me faltaban para graduarme y ya imaginará mi emoción. Llamé a mis amigos para salir a celebrar por la noche y quedamos en ir a la discoteca "Deseo", que está en la avenida Solari, a una hora del centro. Acordamos en hacer una pequeña parada en casa de mi amigo Mariano Cantuarias para tomar y comer algo antes. Allí bebí unos tres vasos de whisky con hielo y le di no más de tres pitadas a un cigarrillo de cannabis. 

Luego de una hora salimos para la discoteca y al llegar me sentía un poco mareado. Probablemente no habría tenido que aceptar ese vodka con jugo de naranja que me ofrecieron en la barra, porque la combinación me cayó pésimo. Faltando diez minutos para la medianoche sentí que me estaba asfixiando y tuve que salir del local a tomar aire. Me dieron ganas de orinar y preferí ir a uno de los parques que estaba cerca de la discoteca antes que volver a entrar. No había nada de gente alrededor, algo que me tranquilizó porque no soy de andar meando en la calle. Mientras estaba en lo mío, vi que a unos veinte metros un auto estacionado de color azul oscuro se movía de forma ondulante. Lo primero que pensé: están tirando ahí dentro. Idiotez mía y usted pensará lo mismo, decidí acercarme para grabar la escena con mi celular, creyendo que sería divertido mostrarlo a mis amigos al regreso. Con el teléfono en mano me fui acercando lentamente. 

No recuerdo la marca del auto, era una de esas camionetas todo terreno pero no de las enormes. Recuerdo, eso sí, la placa, era definitivamente extranjera y tenía las letras "AYCE". Sentado en el asiento trasero estaba un hombre adulto, de escasa cabellera gris y vestía una camisa a cuadros. Sostenía por la espalda a otro que temblaba, parecía como cuando abrazas por atrás a tu novia. Luego todo sucedió en segundos, el describir esto me da escalofríos. El de camisa a cuadros se dio cuenta de que alguien lo observaba, volteó y me miró directamente a los ojos. Fue en ese momento que descubrí el espantoso acto que ese sujeto estaba perpetrando: estaba comiéndose vivo al otro hombre. Tenía la boca llena de sangre y su víctima, a quien le faltaba un pedazo de cuello, convulsionaba frenéticamente. Le puedo decir, doctor, que esa mirada no era humana, tenía las pupilas dilatadas y le brillaban los ojos, que parecían hundirse en su cara. Me volví a orinar, no sé cómo pero tenía los pantalones mojados, el celular se me cayó y lo único que quise fue escapar de ahí. No quise mirar atrás, pensé que me iba a perseguir, estaba aturdido, veía la cara del caníbal con su presa como una macabra postal tatuada en mi recuerdo más inmediato, que se transformaría en mi pesadilla recurrente. Terminé por desmayarme y me quedé tendido a orillas del parque. 

Me encontró la policía a las cinco de la mañana y al contarles lo que vi, en lugar de alarmarse, se rieron, y cuando les dije que tenían que ir de inmediato a buscar a ese monstruo, me dijeron que vaya a casa a dormir. En mi desesperación tropecé con una de las computadoras de la oficina, que cayó al piso y se rompió. Esta secuencia de eventos me ha traído hasta aquí y si por suerte consigo dormir, despierto queriendo pensar que nada de esto ha sucedido.

En mi contra han dicho simplemente que no hay ninguna denuncia por un hombre desaparecido. Pregúntese doctor, cuántos miles de indocumentados hay sólo en esta ciudad. La respuesta está en las calles y usted lo ve con sus propios ojos todos los días. Hay un ser atroz que camina ahora libre entre gente inocente, le pido por favor que me crea, tenemos que detenerlo. Mejor dicho, tiene que detenerlo, porque a mí las fuerzas me han abandonado. No encuentro salida a esto y ya he preparado todo para estar en paz. Pudo haberle pasado a cualquiera. Dígale por favor a mis padres que los amo. Sé que el tiempo me dará la razón.

* Carta de Luis Gurpeche (1990 - 2014), hallado ahorcado en su celda de la prisión de Alcalá Meco, Madrid

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5 comentarios :

  1. Guau (el wow latino) tremenda historia, a veces hay que creer lo que te cuentan porque puede ser verdad y sino...ahí las consecuencias. Muy bueno el suspenso y la trama entretenida. Saludos.

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  2. Lo voy a compartir en mi muro de fb maxyjunin

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    1. Estoy encontrando atractivo el género terror, tanto que hoy publico una nueva historia de miedo. Muchas gracias por leer y compartir Ricardo.

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  3. Retribuyendo lectura:
    Me encantó leer y escuchar este cuento. Si el que narra sos vos, te felicito, porque transmitís todo el pesar y el miedo del tipo de manera perfecta.
    Como no tenés activada la opción de seguir tu blog, agregué tu página la la lista de blogs que sigo, en la columna de «Grandes valores», para estar al pendiente de tus publicaciones.
    Te invito, además de dejar tus comentarios (gracias por ello), a ser seguidor de mi blog.
    Saludos.

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    1. Me temo que soy yo el narrador de esta historia Raúl y me alegra saber que te gustó, tomo con aprecio tus palabras. Gracias por visitar, te doy la bienvenida al sitio y sé que nos leeremos muy pronto, un abrazo.

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