17.9.20

Viento en prosa

Enojado con la primavera, el viento partió hacia el oeste para ver si encontraba algo de emoción. A su paso dejó esparcidos secretos y pecados sin confesar. Sabía muy bien que la tentación no conoce estación del año. "Amén", se oyó a lo lejos, antes de desaparecer por completo.

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Publiqué este texto como parte de una iniciativa lanzada en Twitter por La Esfera Cultural en pleno período de cuarentena (casi) global, convocando a todos los que quisieran participar a escribir un microrrelato en base a una imagen, que luego podría ser elegida a formar parte de un libro reseña que se llamaría "Abril de 2020". Este proyecto tuvo gran acogida y el libro finalmente fue publicado en Mayo. Lo pueden encontrar en Amazon (Italia) en este enlace o directamente desde el sitio de La Esfera Cultural

Aquí abajo les dejo la publicación original en Twitter, es interesante ver cómo la idea original fue tomando forma y la creatividad terminó, como siempre, superando cualquier frontera.

El microrrelato forma parte del archivo de microcuentos de viaexprosa, que ya cuenta con 131 publicaciones.

Eduardo

8.4.20

Cuarentena

 

Cuarentena I
Esta mañana la estación del tren ya no olía más a cigarrillo y café, sino a alcohol en gel. Hay demasiados asientos libres, hay más tiempo a solas, hay menos smog. Todo está pasando muy lento, a dónde se ha ido el frenesí del siglo XXI.

Cuarentena II
Esta tarde en la estación me puse por primera vez una mascarilla. Casi me asfixio, tengo que acostumbrarme a sentir constantemente el calor de mi propio aliento. De regreso a casa veo mi reflejo en la ventana del tren y me he sentido frágil, minúsculo, débil. Quiero volver.

Cuarentena III
Somos diez haciendo fila para entrar al supermercado que aún no abre. Distanciados, calculando mentalmente ese afamado metro de distancia. La lluvia golpea mi mascarilla, acumulando humedad y apestando como nunca. El frío parece conminarnos a quedarnos en casa, pero el hambre no conoce de climas. Entraré, compraré y me iré corriendo a casa, sin hablar con nadie. Veo unas aves silbando y jugueteando entre los árboles. Las envidio.

Cuarentena IV
He ido descubriendo espacios de mi casa en los que me siento más cómodo para escribir y leer. La cocina por ejemplo tiene su encanto: la refrigeradora cerca, la luz del sol que va instalándose en un rincón diferente con el pasar de las horas. Hace un par de semanas habría preferido la sombra de un árbol o el pegajoso asiento de un bar.

Cuarentena V
Vuelvo a la oficina después de doce días. Las calles están más vacías, han desaparecido los deportistas, los fumadores y los dueños de perros. Tampoco veo a los ancianos del barrio que desafiaban la muerte, o quizá la buscaban, en sus paseos matutinos. Todavía reparten el diario Leggo en la estación y es un alivio no tener que agarrar el celular. Antes de subir al tren me espera un muro de hombres uniformados y rostros cubiertos. Me acerco alzando mi mano derecha que sostiene el salvoconducto. Uno de los militares hace un ademán para que me detenga. Sin mediar palabra, extiende su brazo hacia mi cabeza, apuntándome con una especie de pistola blanca que agarra con la firmeza de su entrenamiento bélico. Intuyo lo que está por suceder. Después de dos segundos y un beep mi suerte estará echada. Dispara.

Cuarentena VI
Hasta esta noche nunca me había detenido la policía. A doscientos metros de casa, antes de cruzar una avenida solitaria, fui interceptado por una patrulla. A pedido del oficial, que es mucho más joven que yo, presento mi documento de identidad y el permiso de tránsito. Tras esa mascarilla quizá se esconde miedo o preocupación, pero al igual que yo, él esta cumpliendo su trabajo. Después de cinco minutos me devuelve todo y me advierte “Vaya directamente a casa, con cuidado”. Tenga por seguro que no iré por un aperitivo, buenas noches.

Cuarentena VII
Cantar al aire libre haciendo muecas histriónicas o sacar la lengua a la gente por la calle es mucho más divertido con la mascarilla puesta. Creo saber que otros también lo hacen, puedo sospecharlo por alguna que otra mirada traviesa. De todos modos no quiero acostumbrarme a esto.

Esta serie de notas las escribí entre el 11 y el 27 de Marzo del 2020, durante el período de cuarentena en Milán, Italia. Las restricciones de circulación y actividades comerciales todavía se mantienen, hasta que las cifras de esta pandemia empiecen a descender progresivamente. Sigan las indicaciones de las autoridades y manténganse seguros, apartados de las multitudes.

#tuttoandrabene

Eduardo


22.8.19

¿Qué hacemos con los microcuentos?


Como es habitual en este blog, los periodos de ausencia pueden prolongarse por semanas, meses e incluso años. Esta aparente falta de compromiso, sin embargo, me da ciertas satisfacciones como por ejemplo anunciar con holgado orgullo los proyectos iniciados, aquellos en progreso o los ya concluidos. Me refiero a novelas, cuentos, microcuentos y podcast que forman parte de este universo de creaciones que no siempre son promovidos como merecen.

Abajo los eufemismos


Para algunos es cuestión de vida o muerte
nadar contra la corriente
sudando la gota gorda
dejando en el camino la piel
con el fin de tocar las estrellas

Para otros podría bastar
poner sólo un granito de arena
evitando conflictos armados
y daños colaterales

Dicho esto

Nunca tires la toalla
es siempre mejor pasar a mejor vida
sabiendo que viviste
empujando el coche
que dando un paso al costado

15.3.18

Reflejo de mi oscuridad

reflejo de mi oscuridad

Mirarse al espejo y ver a un hombre que se parece a tí. Las luces de la primera hora del día revelan en mi rostro ojeras de vino, labios secos como hojas de otoño y arrugas sin experiencia. Me mantengo de pie, en postura rígida frente a mi propia figura enmarcada, en actitud desafiante. A quién pretendo engañar. La derrota se me ha echado encima sin piedad, derrumbándome, burlándose en cada intento por levantarme, haciendo polvo mi orgullo. Los minutos transcurren inevitables, en silencio, esperando un fatal desenlace. Qué pasaría si rompiera el cristal a puño cerrado. De nada serviría sangrar por fuera. Retrocedo despacio, alejándome una lágrima en cada paso, reconociendo la victoria del hombre que se parece a mí, o aquello en lo que me he convertido sin darme cuenta.