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Mostrando las entradas etiquetadas como nostalgias mundanas

El arte de perder el tiempo y por qué cada vez sabemos hacerlo menos

¿Cuándo fue la última vez que tuviste que esperar sin sacar el teléfono? No me refiero a una espera larga ni extraordinaria, sino de esos dos minutos en una fila, de un semáforo en rojo o del banco de una estación mientras llega el siguiente tren o autobus. Hace no tanto, esos espacios vacíos pertenecían a la imaginación. Hoy pertenecen a una pantalla. Vivimos convencidos de que aprovechar el tiempo significa llenarlo. Una reunión conduce a otra, una notificación sucede a la anterior y, cuando el día termina, sentimos la extraña satisfacción de haber estado ocupados. No siempre de haber hecho algo importante. Paradójicamente, las mejores ideas rara vez aparecen cuando las buscamos con insistencia. En mi experiencia personal, èstas llegan caminando, esperando, observando. Simplemente dejando que el pensamiento divague sin un destino concreto. Cuando vivía en Lima, mientras caminaba hacia la Costa Verde o me detenía en un bar cualquiera, las historias aparecían sin pedir permiso. No ...

Reflejo de mi oscuridad

Mirarse al espejo y ver a un hombre que se parece a tí. Las luces de la primera hora del día revelan en mi rostro ojeras de vino, labios secos como hojas de otoño y arrugas sin experiencia. Me mantengo de pie, en postura rígida frente a mi propia figura enmarcada, en actitud desafiante. A quién pretendo engañar. La derrota se me ha echado encima sin piedad, derrumbándome, burlándose en cada intento por levantarme, haciendo polvo mi orgullo. Los minutos transcurren inevitables, en silencio, esperando un fatal desenlace. Qué pasaría si rompiera el cristal a puño cerrado. De nada serviría sangrar por fuera. Retrocedo despacio, alejándome una lágrima en cada paso, reconociendo la victoria del hombre que se parece a mí, o aquello en lo que me he convertido sin darme cuenta. SÍGUEME: Twitter | Facebook | YouTube | Instagram

Brujas y demonios

Habría tenido que tomar una foto de este lugar. Da igual, las imágenes vivirán por siempre en mis recuerdos. Escaleras de verde mármol que intentan en vano dar un toque señorial a una cueva de putas y malandrines. La poca luz otorga a los pasillos un aire siniestro, cómplices de lo que ocurre entre las paredes de sus habitaciones, escuálidas cárceles del placer.