¿Cuándo fue la última vez que tuviste que esperar sin sacar el teléfono? No me refiero a una espera larga ni extraordinaria, sino de esos dos minutos en una fila, de un semáforo en rojo o del banco de una estación mientras llega el siguiente tren o autobus. Hace no tanto, esos espacios vacíos pertenecían a la imaginación. Hoy pertenecen a una pantalla. Vivimos convencidos de que aprovechar el tiempo significa llenarlo. Una reunión conduce a otra, una notificación sucede a la anterior y, cuando el día termina, sentimos la extraña satisfacción de haber estado ocupados. No siempre de haber hecho algo importante. Paradójicamente, las mejores ideas rara vez aparecen cuando las buscamos con insistencia. En mi experiencia personal, èstas llegan caminando, esperando, observando. Simplemente dejando que el pensamiento divague sin un destino concreto. Cuando vivía en Lima, mientras caminaba hacia la Costa Verde o me detenía en un bar cualquiera, las historias aparecían sin pedir permiso. No ...