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Mostrando las entradas etiquetadas como relato

La casa del diablo

El día que los condenados a morir descubrían que habían sido tocados por la plaga, caían vencidos de rodillas frente a una iglesia, abrazaban un crucifijo incluso improvisando con dos fríos trozos de madera, implorando que la muerte, ahora más cercana e ineludible, les llegara con el menor sufrimiento posible, pues era sabido que la agonía solía ser tan rápida como cruel. Transcurren pausada y desesperadamente los primeros días de diciembre de 1630 y en Milán, al norte de la península itálica, una maldición invisible lleva meses devastando lo que encuentra a su paso, dejando tras de sí montones de miseria, dolor y el repugnante hedor de la muerte.  Durante esos sombríos amaneceres, en los pasillos más oscuros de las calles, corría una voz que tomaba forma cada vez más. Muy cerca al Duomo, uno de los templos más grandes del mundo conocido, en un refinado palacio de la calle Porta Romana, habitaba un hombre siniestro, de herencia noble, que a pesar del infierno que se vivía fuera de ...

Arima, la bruja de la peste en Milán: leyenda de 1630

La noche de mayo del año 1630, en la que sería recordada como una de sus más terribles primaveras, la ciudad de Milán no pudo dormir. Los rumores de un monstruo invisible y despiadado se transformaron en gritos desesperados, un presagio del destino de los miserables. Esa terrible y extraña enfermedad, de la que médicos y sacerdotes no habían descubierto su origen ni cura, había llegado. Nadie estaba a salvo, los más ricos abandonaban la ciudad como si escaparan de una fiera al acecho, los más pobres caían de rodillas implorando a Dios, mientras caían mujeres y hombres que, conscientes de su final, solían aislarse con lo que les quedaba de fuerza para, moribundos, rogar por un segundo de piedad de su Señor para que la muerte les sorprenda dormidos.   Existía sin embargo una zona cerca del centro, en la casa número dos de Via Laghetto, una calle lúgubre conocida por ser morada de bribones, seres de dudosa reputación, donde vivía una mujer de la que se decía que curaba la enferme...

Reflejo de mi oscuridad

Mirarse al espejo y ver a un hombre que se parece a tí. Las luces de la primera hora del día revelan en mi rostro ojeras de vino, labios secos como hojas de otoño y arrugas sin experiencia. Me mantengo de pie, en postura rígida frente a mi propia figura enmarcada, en actitud desafiante. A quién pretendo engañar. La derrota se me ha echado encima sin piedad, derrumbándome, burlándose en cada intento por levantarme, haciendo polvo mi orgullo. Los minutos transcurren inevitables, en silencio, esperando un fatal desenlace. Qué pasaría si rompiera el cristal a puño cerrado. De nada serviría sangrar por fuera. Retrocedo despacio, alejándome una lágrima en cada paso, reconociendo la victoria del hombre que se parece a mí, o aquello en lo que me he convertido sin darme cuenta.

Brujas y demonios

Habría tenido que tomar una foto de este lugar. Da igual, las imágenes vivirán por siempre en mis recuerdos. Escaleras de verde mármol que intentan en vano dar un toque señorial a una cueva de putas y malandrines. La poca luz otorga a los pasillos un aire siniestro, cómplices de lo que ocurre entre las paredes de sus habitaciones, escuálidas cárceles del placer.