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Mostrando las entradas etiquetadas como terror

Arima, la bruja de la peste en Milán: leyenda de 1630

La noche de mayo del año 1630, en la que sería recordada como una de sus más terribles primaveras, la ciudad de Milán no pudo dormir. Los rumores de un monstruo invisible y despiadado se transformaron en gritos desesperados, un presagio del destino de los miserables. Esa terrible y extraña enfermedad, de la que médicos y sacerdotes no habían descubierto su origen ni cura, había llegado. Nadie estaba a salvo, los más ricos abandonaban la ciudad como si escaparan de una fiera al acecho, los más pobres caían de rodillas implorando a Dios, mientras caían mujeres y hombres que, conscientes de su final, solían aislarse con lo que les quedaba de fuerza para, moribundos, rogar por un segundo de piedad de su Señor para que la muerte les sorprenda dormidos.   Existía sin embargo una zona cerca del centro, en la casa número dos de Via Laghetto, una calle lúgubre conocida por ser morada de bribones, seres de dudosa reputación, donde vivía una mujer de la que se decía que curaba la enferme...

Al lado de la cama

Es la enésima vez que llego tarde a casa por sucumbir nuevamente a la presión de los amigos después del fulbito del viernes por la noche. Atravieso la sala a oscuras, guiado por la pantalla de mi celular y al llegar a la cocina me seco media botella de agua sin dificultad. Esta rutina ya practicada y repasada me habría servido para bosquejar mentalmente la excusa que me habría salvado de terminar condenado a dormir en el sofá. Pero esta vez no quiero esforzarme, he decidido asumir las consecuencias de mis errores y suplicar perdón. Me desvisto mientras subo al segundo piso en puntas de pie, convencido de someterme al inminente castigo, osadía que sin embargo me da una sensación de sosiego mientras abro lentamente la puerta de la habitación. Veo su silueta cubierta por las sábanas al lado de la cama e inmediatamente siento que ella no se merece a un mequetrefe borracho que no sabe decir que no. Tanteo bajo mi almohada para recuperar mi pijama y en poco tiempo me encuentro echado, abriga...

Cámara de gas [cuento de terror]

Todo inició co n una simple molestia en el cuello. Elena culpó a su almohada, que ya no tenía la forma ergonómica de antes. Dos días después, sin embargo, se asustó al hallar moretones y arañazos en diferentes partes de su cuerpo cada vez más adolorido. Cuando el médico insinuó que podía tratarse de sonambulismo, rechazó la idea de citarse con un psicólogo y dejarse monitorear las funciones vitales durante el sueño.

La camioneta azul [cuento de terror]

Historia basada en hechos reales Doctor, este será mi último mensaje y usted puede ser responsable de los crímenes que ocurran de aquí en adelante. Algo que me agobia desde aquella noche, más que la horrible escena grabada en mi memoria, es el pensar que puede estar repitiéndose en cualquier momento, como ahora que escribo esta carta. Yo no estoy demente ni tampoco soy un drogadicto. Admito que esa noche había bebido de más pero no era motivo para que me abrieran un expediente policial ni clínico. Antes de ese viernes yo tenía una vida normal, como la tiene cualquier chico de veintitrés años. Han pasado cuatro meses que para mí han sido un completo infierno. Le pido disculpas por haberlo golpeado la primera vez que acudí a su consultorio, sé que nada justifica la violencia, fue la impotencia de no poder lograr que usted me creyera. Estoy agotado mental y físicamente, agotado de que se burlen de mí, de que me llamen loco, de tener que tragar esas pastillas y la comida terrible q...

Que vivan los zombies [cuento de terror]

Recuerdo que de niño, explorando en la biblioteca de casa, me topé varias veces con libros de Allan Poe y Hitchcock, dos maestros del miedo. El resultado de esos descubrimientos fueron noches largas y terribles en las que me aguantaba las ganas de ir al baño para no tener que cruzar ese inofensivo pasillo que se había convertido de pronto en un túnel oscuro y malvado. A pesar del susto que me daban esos textos, no pasaba mucho tiempo para volver a leerlos consciente del insomnio que me esperaba.

No me conoces [cuento de terror]

Gonzalo se dio cuenta de que estaba solo en la oficina. No era la primera vez que le pasaba, ya en otras oportunidades sus colegas habían salido sin despedirse. Quizás esta vez sí lo habían hecho, pero él solía abstraerse tanto frente a la pantalla de su computadora que el mundo real pasaba a un segundo plano. Se restregó los ojos y tomó el último sorbo de su Coca Cola ya caliente. Miró el reloj de su escritorio: ocho y cuarenta y seis de la noche. Había un sido un día largo y pesado pero ya era viernes, momento de relajarse.