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Cuando regreses: 3. Cuenta conmigo

(Capítulo anterior: 2. Volver a verte Primer capítulo:  1. Fuego interno ) - Disculpe Señor, no se permite el ingreso de la prensa. - No soy reportero, vengo por mi familia. - Tiene que esperar en esta sala. Descontento con la respuesta de la enfermera y angustiado, Alejandro caminó hacia la puerta de salida de la clínica. Vio llegar otra ambulancia con más afectados del incendio. Afuera ya se iba apostando gente de prensa. Miró por el televisor de la sala de recepción la transmisión en vivo del siniestro. Hablaban de una explosión y de decenas de heridos. Y se reconoció corriendo tras la ambulancia en una de las repeticiones.

Cuando regreses: 2. Volver a verte

(Primer capítulo: 1. Fuego Interno )   Iglesia Virgen Milagrosa. Miraflores, Lima - Perú Cuando Alejandro conoció a Paloma, ella estaba de la mano de otro hombre. Se los veía felices, parecían disfrutar de la mejor de sus etapas como enamorados. - ¿Te mueres por ella no? - Es simpática pero nada más. - Voy a tomar una foto de tu cara cuando la ves pasar. - ¿Cuál cara, estás loca? - A no ser que estés viendo al enamorado, jajaja. - Ah estás graciosa.

Cuando regreses: 1. Fuego interno

El viernes empezó agitado para Alejandro. Su celular timbró desde muy temprano con llamadas de todo tipo: reunión de emergencia en la sala de prensa de un conocido diario -donde colaboraba como independiente-, deuda vencida con el banco, confirmación de almuerzo con unos amigos y hasta de un número equivocado.

Bienvenida

La veo descansando entre mis brazos en mi cuello sus cabellos enredados labios juntos como su pecho al mío me pregunto si estoy en sus sueños A dónde la llevarán sus pasos si la conocí buscando felicidad vendrá conmigo o irá hacia mí para secarle sus ojos, besar su boca Suspiro su nombre y presiento que agotaré su recuerdo entre versos una canción ha nacido esta noche su bienvenida a mi corazón A dónde la llevarán sus pasos si nos conocimos sin buscarnos iré con ella o seguiré adelante secando mis ojos besando su boca en silencio

Soledad

  Me viste salir correr hacia el mar enfriarme en la calle pero hiciste nada Escuchaste mis penas me viste dormir comiste a mi lado te burlaste de mí Te conozco mejor jugaste al miedo te robaste mi voz me ataste las manos Ahora me llamas quieres tentarme conoces mis pasos y cómo encontrarme Tu ausencia me gusta pero si regresas sabrás que en el fondo te estuve esperando y aunque te duela me verás sonreír Eduardo

Pide un deseo

De día o de noche cerrando los ojos mientras caminas entre tus sueños Bajo el calor contra las sombras hacia la brisa sobre las olas Frente al espejo y sonriendo por la mañana si lo prefieres Mirando al cielo entre la lluvia o manejando bajo la luna Por un abrazo o por un beso por reencontrarnos y enamorarnos pide un deseo Eduardo

No me conoces [cuento de terror]

Gonzalo se dio cuenta de que estaba solo en la oficina. No era la primera vez que le pasaba, ya en otras oportunidades sus colegas habían salido sin despedirse. Quizás esta vez sí lo habían hecho, pero él solía abstraerse tanto frente a la pantalla de su computadora que el mundo real pasaba a un segundo plano. Se restregó los ojos y tomó el último sorbo de su Coca Cola ya caliente. Miró el reloj de su escritorio: ocho y cuarenta y seis de la noche. Había un sido un día largo y pesado pero ya era viernes, momento de relajarse.

Una ola no se repite: 6. Un nuevo camino

(Capítulo anterior: 5. Te voy a extrañar P rimer capítulo:  1. La primera impresión )  Avenida Pardo. Miraflores, Lima - Perú Luces, sombras y música a alto volumen enmarcaban la escena. A pocos metros Sandra no podía creer lo que veía: su mejor amiga estaba abrazada y llorando ante un perfecto desconocido. Fernando y Mario voltearon a ver, sintiendo envidia casi de inmediato: Diego había conseguido sin esfuerzo aparente a una chica mil veces mejor que todas las que estaban en la mesa con ellos. Dirigieron miradas disimuladas pero obscenas sobre la silueta de Valeria y se encargaron de hacer espacio en los muebles por si ella y su amiga se animaban a unirse al grupo. .

Una ola no se repite: 5. Te voy a extrañar

(Capítulo anterior: 4. Valeria Primer capítulo: 1. La primera impresión ) Edificio Parquemar. Miraflores, Lima - Perú Diego quedó con la boca tan abierta que, de haber estado en la selva, seguramente habría servido como nido o escondite de mosquitos y demás insectos voladores. En ese momento no sabía si saltar de la alegría o saltar del puente. Enterarse repentinamente que podría ser papá y sin haberlo planeado provocó en él una serie de reacciones internas - frío, mareos, náuseas- que solo pudieron ser expresadas con ese gesto cuasi idiota en su cara. Las personas que pasaban por ahí - en su mayoría parejas de enamorados - lo miraban de reojo como adivinando que la noticia que acababa de recibir ese chico no eran del todo buenas, al menos no para él. Tras unos segundos de silencio que le parecieron eternos, atinó a decir unas palabras.

Una ola no se repite: 4. Valeria

(Capítulo anterior: 3. Tenemos que hablar Primer capítulo: 1. La primera impresión Preparen popcorn!! ) La Costa Verde. Miraflores, Lima - Perú El día que le propusieron matrimonio tenía puesta la sonrisa más cautivadora jamás vista. Ni en sus sueños de niña imaginó que un desayuno en la cama durante un fin de semana en un club campestre vendría acompañado de un anillo escondido en una tacita blanca de azúcar. De sus labios humedecidos por algunas lágrimas de felicidad salieron palabras cortas, pero hermosas como ella. " Mi amor, sí ...¡Sí!" Logró decir mientras abrazaba a su hombre. Marco Rebatta - quién lo diría - sería quien llevaría a la encantadora Valeria al altar.

Una ola no se repite: 3. Tenemos que hablar

(Capítulo anterior:  2. Miradas perdidas Primer capítulo:   1. La primera impresión ) Puente de los suspiros. Barranco, Lima - Perú El sábado Diego durmió hasta el mediodía. Su descanso pudo haber durado más si no fuera por las insistentes llamadas de Fernando y Mario, que preocupados querían saber si había llegado bien a casa. Ya con los ojos abiertos, contestó el celular apenas escuchó que timbraba por enésima vez. Era Mario. - ¿Aló? - Puta por fin respondes. ¿Dónde estás? - En mi cama. - Anoche te desapareciste huevón, estábamos preocupados por tí. - No creo, pero ya estaba mal, me fuí solo. - Te la perdiste, conocimos a unas chibolas de la Católica. Hoy volveremos a salir. ¿Te apuntas? - No jodas, otro día más no puedo - Uno que se preocupa por tí y así me tratas. Sigue durmiendo, me llamas si te animas. - OK te llamo. Chau.

Donde todo empezó

Un día como éste perdí la razón entre las olas y el viento en una noche de invierno con la mirada en sus labios en el momento perfecto Y pregunto hoy al mar cómplice de mi arrebato si ella piensa en mí si me he colado en sus sueños o si me ha visto de lejos y ha sonreído sabiendo que estoy a su lado Podrías decirle si la ves que me muero por besarla que daría lo que sea por cuidar su corazón apostando mi destino para verla sonreír Y si preguntas mi razón Es la forma en que me mira lo que me hace sentir es el tomar sus manos frías y calentarlas con las mías no hay mejor forma de vivir Eduardo Y porque hace un año, un 10 de Julio , fui muy feliz.

No me olvides

Conserva mi fotografía y el cristal que nos separa no me guardes como al libro cuyas hojas desgastadas se congelan en su tiempo resignadas al olvido Y si algún día me guardas que sea cariño por lo que una vez tuvimos resérvame un espacio junto a tus latidos Ha pasado el tiempo aumentó nuestra distancia las miradas son distintas la respiración más baja y los labios tan ajenos Pero estás en mis versos retratada para siempre enmarcada con mis manos apreciada aquí en mi pecho Conserva mi fotografía y el cristal que nos separa no podremos ser ajenos porque el hombre que ahí posa te amó como a su vida Eduardo

Una ola no se repite: 2. Miradas perdidas

(Primer capítulo:  1. La primera impresión ) Valeria trató de no parecer sorprendida para no avergonzar más a Diego, quien ágilmente se puso de pie y esbozó una sonrisa, disimulando inútilmente su ebriedad. -¿Qué te pasó? -Nada malo. Me eché un rato a esperar a mis amigos -¿Ellos están por acá? Diego estuvo a punto de preguntarle la hora pero iba a quedar peor, entonces sacó su celular fingiendo recibir una llamada y se fijó en la pantalla: Cuatro y cincuenta y seis. Muy tarde para ser de noche, muy temprano para ser de día. Se encogió de hombros haciendo saber a Valeria que sus amigos no vendrían por él. Se dio cuenta también que ella estaba algo inquieta, quizá incomoda.

Una ola no se repite: 1. La primera impresión

-Buenas tardes señorita vengo por la entrevista, me citaron a esta hora. -Hola, ¿Cuál es tu nombre? -Diego Castillo -Toma asiento por favor, voy a avisar que estás aquí. -Gracias, yo espero.