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Mostrando las entradas etiquetadas como novela

Diario de un perdedor: XII. Sólo una noche

[Capítulos anteriores:  I ,  II ,  III ,  IV , V , VI ,  VII , VIII , IX , X , XI ] Llevo despierto veinte minutos y casi diez mirándola dormir. Tiene un tatuaje en la espalda, justo debajo del cuello, que se parece a una palmera pequeña. Apenas si se le escucha respirar, por ratos jala la sábana hacia ella, acurrucándose en mi lado favorito de la cama que parece haber sido suya desde siempre. Las cortinas están cerradas pero se filtran caprichosos algunos rayos del sol que parece querer espiarla dormir.

Diario de un perdedor: XI. La novia

[Capítulos anteriores:  I ,  II ,  III ,  IV , V , VI ,  VII , VIII , IX , X ] La conocí durante el verano de 1998, clase de Contabilidad II, Universidad del Pacífico. Siempre con el peinado media cola, hombros bronceados, desnudos, y cintura delgadísima que adornaba acertadamente con correas coloridas, haciéndolas combinar con sus lentes de sol y minifaldas de jean. Esta última parte de su look era lo que todos los varones agradecíamos en silencio. Tan famosas eran sus minifaldas que era habitual escuchar de ellas en conversaciones de amigos, colegas y pajeros de la facultad.

Diario de un perdedor: X. La mano de Dios

[Capítulos anteriores:  I ,  II ,  III ,  IV , V , VI ,  VII , VIII , IX ] Mi afición por el fútbol nació –como en muchos casos- gracias a mi padre, quien me llevó por primera vez al estadio cuando cumplí cuatro años. Pronto comprendí y me acostumbré a los putamadre , joeputa , huevón , pásala , pongan huevos y un largo etcétera que son a un partido de fútbol lo que una mordida de labios es a un beso: se disfruta más, se siente mejor, más rico, más completo. Y también comprendí que así como en el fútbol, la vida te pone en frente pruebas y barreras, compitiendo quizás contra otros más fuertes y talentosos que tú. Hay quienes se rinden en el camino, otros incluso antes de comenzar el partido. Yo soy de los que termina lo que empieza, aunque tenga que perder.

Diario de un perdedor: IX. Samba para dos

[Capítulos anteriores:  I ,  II ,  III ,  IV , V , VI ,  VII , VIII ] Cierto es que no tenía un plan para continuar la conversación y menos en un idioma que conozco tanto como la comida típica de Uganda, pero también es seguro que no quería perder la oportunidad de saber quién era esta chica que sin esfuerzo alguno me sacó del letargo. Olá Adriana –te extiendo la mano-, qué manos tan suaves tienes , ¿te animarías a salir conmigo? No, esto último será mejor guardarlo para otra ocasión. Lo de manos suaves sí lo he soltado arriesgadamente en inglés como un cumplido aunque no esté seguro si te sentirás ofendida. Afortunadamente lo tomaste con naturalidad y ahora sí Adrianita te pido que continuemos en inglés  porque no te entiendo ni mierda. Has llegado de Porto Alegre hace tres días, no conoces prácticamente nada de la ciudad y hoy te perdiste en el camino a la universidad. Te escucho y pienso en todas las oportunidades que tendremos para pasarla b...

Diario de un perdedor: VIII. Bonita

[Capítulos anteriores:  I ,  II ,  III ,  IV , V , VI ,  VII ] Hace dieciséis días que me reencontré con Claudia. Desde que le robé ese beso que terminó siendo tan intenso como fugaz. Tal vez no la vuelva a ver pero siento una tranquilidad dentro de mí como si hubiera terminado una tarea que tuve por mucho tiempo pendiente. Han sido días que he dedicado a distraerme en otros asuntos que no tengan relación con el alcohol ni  los cigarrillos. Puedo notar que el gimnasio va reduciendo en algo mi vientre castigado injustamente durante años por la cerveza, que las películas independientes no son tan malas como pensé y que se puede hacer mucho un domingo por la mañana si no se está con resaca. En resumen, estoy disfrutando de este período con mi soledad.

Diario de un perdedor: VII. Buena suerte y hasta luego

[Capítulos anteriores:  I ,  II ,  III ,  IV , V , VI ] Cuando te conocí supe que no podríamos ser sólo amigos. Esa boquita rubí  semiabierta como un botón de rosa cada vez que acomodabas tu cabello café me hizo perder la razón. Nunca me pude explicar bien por qué te hacían gracia mis bromas, si soy malísimo. Quizás porque me amabas. Jamás te lo dije, pero conquistarte fue una de las mejores experiencias de mi vida; cómo te hacías la difícil, la de la agenda ocupada, creo que me pasaría lo mismo si fuera mujer y tuviera tu belleza y carácter, lo entiendo perfectamente. Tampoco me explico por qué entre tantos pretendientes que tenías en esa época me elegiste a mí. Creo que sí me lo contaste una vez, que porque a pesar de ser un tipo torpe y a veces corriente, siempre fui transparente contigo. Sí, yo fui un transparente imbécil…

Diario de un perdedor: VI. Desde mi balcón

[Capítulos anteriores:  I ,  II ,  III ,  IV , V ] Hoy es cumpleaños de mi mamá y lo celebraremos en nuestra casa. La misma donde crecí, la de toda la vida, esa que dejé cuando cumplí veintitrés años y a la que volví siempre que me sentí solo o la vez que caí en bancarrota y no pude pagar el alquiler de mi departamento. Sé que cada vez que vuelva a esta casa tendré mi cuarto tal y como lo dejé hace diez años, con las paredes blancas  y cubiertas de posters de Nirvana, del Real Madrid, recortes de revistas y stickers en varios idiomas. Con la lámpara de mi mesa de noche con forma de perrito, mi escritorio donde convivieron durante años libros universitarios, cajetillas de cigarros vacías, CDs de rock y mucha ropa sucia. Con mi viejo balcón de hierro, baranda de madera y vista hacia el parque, donde fumé mi primer porro junto a la loca de Pamela. Cómo olvidar a Pamela, mi vecina que descontrolada por sus hormonas adolescentes se volvió poco menos que...

Diario de un perdedor: V. Conteo regresivo

[Capítulos anteriores:  I ,  II ,  III ,  IV ] Ya reconozco la canción, no es cubana sino puertorriqueña: Conteo regresivo de Gilberto Santa Rosa. Uno, dos, tres, cuatro, pausa y cambio si recuerdo bien. Sí, eran cuatro tiempos y dos pausas. Así me enseñó Claudia en incontables noches de discoteca. Hombros y caderas moviéndose al ritmo pero sin pecar de Ricky Martin. Algo me dice que mis movimientos se asemejan más al de un muñeco de gelatina que al de un macho latino salsero. Maldito Lucio, no debí quedarme a beber contigo. Ahora sólo hay números en tu cabeza de una relación que no da para más . Qué carajos tiene el DJ para poner una canción así en una boda. Salsa bonita y coqueta; letra inapropiada, infame. Ella mientras tanto sigue sin mirarme.

Diario de un perdedor: IV. Mi mejor amigo

[Capítulos anteriores:  I ,  II ,  III ] Mi mejor amigo se llama Julián. De niños vivíamos casi uno al frente del otro. No estudiamos en el mismo colegio pero todas las tardes jugábamos en una cancha de fútbol que creamos con tierra y pintura amarilla sobre un terreno desocupado cercado por muros de ladrillo. Jóvenes y avezados como éramos,  trepábamos el muro sin dificultad y jugábamos ahí por horas con otros niños de todos lados de la ciudad que conocían el secreto del Maracaná , como le llamábamos a la cancha.

Diario de un perdedor: III. El club

[Capítulos anteriores:  I ,  II ] Este bar no va a cambiar nunca. Mejor así, me gusta que conserve ese toque clásico de siempre,  con la apariencia de una casa vieja llena de muros gastados y columnas de madera que alguna vez brillaron, con luces tenues que otorgan puntos de encuentro para novios apasionados y perfectos escondites para amantes prohibidos. Aquí viene la misma gente: el escritor bohemio del libro incompleto, los oficinistas del banco de crédito,  las secretarias coquetas celebrando su trigésimo aniversario por enésima vez y los estudiantes universitarios que siempre andan de fiesta. Veo al mismo vigilante de la entrada, al mismo barman, a la chica de la caja, todos hemos casi envejecido juntos. Conocemos en secreto parte de nuestras vidas, somos como un club clandestino que aunque fuerte y unido, los miembros sólo nos conocemos de vista. Sin misión ni visión ni reuniones programadas ni huevadas burocráticas. Nuestro pacto y lema es la li...

Diario de un perdedor: II. Tiempo

[Capítulo anterior:  I. Manuela ] Se me está cayendo el pelo. Luego de pasar la primera etapa de negación, me estoy resignando a aceptar que el proceso irreversible de quedarme calvo ha comenzado. Ni la marca de shampoo, ni el stress, la falta de sexo o el ser muy pajero fueron argumentos suficientemente fuertes para explicar el fenómeno que me sorprendió hace unas semanas mientras me duchaba, cuando luego de una viril rascada de cabeza -con shampoo Marcadesupermercado - vi que las palmas de mis manos parecían haber acariciado a un pastor alemán. Los siguientes días fueron peores: en las mañanas veía mi almohada decorada de cabellos y no precisamente de mujer -ya volverán esos días- y por las tardes mientras trabajaba veía de vez en cuando cayendo tranquilos uno a uno, a veces en pareja, mis  nunca bien ponderados hilos capilares.

Diario de un perdedor: I. Manuela

Seis y quince de la mañana y sólo he dormido dos horas. Anoche me pasé de copas como casi todas las veces que salgo, pero para mi mala suerte hoy es viernes y debo levantarme para ir a trabajar.  La buena noticia es que no tengo resaca.  La mala es que aún estoy borracho. Aunque mi cuerpo está absorbiendo lentamente lo bebido y bailado, puedo bañarme y moverme sin tantos problemas. No quiero ni mirarme al espejo, seguramente estoy con una cara como si fuera de cera, pero derretida. Felizmente tengo ropa limpia y planchada y sólo debo vestirme, lo cual hago sin ganas y casi por inercia. En el camino al trabajo pongo música que ayude a mantenerme despierto; he decidido escuchar  uno de mis CDs favoritos: Lo mejor de The Rolling Stones en concierto, y pretender cantar en inglés mientras manejo rápido, insultando de vez en cuando – en inglés- a los taxistas que quieren cerrarme el paso. Mick Jagger conserva aún esa voz que llama a cantar en grupo y celebrar la vida....

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Ya están disponibles l as novelas cortas "Una ola no se repite" y "Cuando regreses" en versión eBook para Amazon Kindle. Una ola no se repite Cuenta el giro inesperado que da la vida de Diego, un joven publicista, luego de una inofensiva entrevista de trabajo. Una vorágine de vivencias y coincidencias que le hace encarar sus metas, sueños y temores. Cuando regreses Alejandro es un fotógrafo que trabaja para la sección policíaca del diario La Verdad . Una mañana lo llaman a cubrir un grave incidente: un incendio en un edificio residencial. Lo que sabrá muy pronto es que aquel edificio es donde vive Paloma, la mujer que lo dejó plantado en el altar de una iglesia seis meses atrás. Ambos relatos fueron reeditados y mejorados para su versión en eBook, espero que los disfrutes. Si prefieres descargarlos en tu computadora en formato pdf, entra AQUÍ . Eduardo

Crónica italiana: 7. Calles de piedra

(Capítulo anterior: 6. Ojos Azules Primer capítulo: 1. Cuestión de tiempo ) Colosseo. Roma - Italia Dos de la madrugada. Un hombre camina aceleradamente por  las calles empedradas, -ahora desiertas- del centro de  Roma, tratando de no hacer mucho ruido con los zapatos. Si bien es una hora en que la ciudad duerme, aparecen personajes misteriosos que conviven en siniestra armonía con la inmundicia y la soledad. Siente que alguien lo sigue, no detrás de él sino en la vereda del frente, a media cuadra. Está agotado y el calor del verano ha secado su boca. Ve que pocos metros más adelante hay un grifo de agua pero sabe que si se detiene enfrentará a su persecutor. La sed mortal que tiene hace que beba desesperadamente el agua que recoge con sus dos manos. Siente alivio, el agua está fresca y también ha mojado su cabeza. De pronto su vista se nubla, todo se torna borroso, ahora oscuro, se desmaya…

Crónica italiana: 6. Ojos Azules

(Capítulo anterior: 5. Dile Primer capítulo: 1. Cuestión de tiempo ) “Cuando tomaste una maleta y partiste en busca de tu hermano, admito que ese día morí un poco por dentro. Los años contigo - ahora lejanos - me acostumbraron a tu sonrisa espontánea, a tu voz ronquita, a tus bromas tontas. Fue recién después que me llamaste de madrugada para despedirte cuando me di cuenta que era demasiado tarde para decirte que no quería ser más tu amigo, que te amaba, que te seguiría a donde vayas y - sin importarme el lugar - podría hacerte feliz. Pero como siempre, la voz de mi corazón fue tan débil que se perdió en el aire y lo único que me escuchaste decir fue un “cuídate mucho, llámame si me necesitas”. ¿Por qué te fuiste Ojos Azules? ¿Por qué me dejaste aquí con los sueños que tenía para nosotros? 

Crónica italiana: 5. Dile

( Capítulo anterior: 4. Sálvame Primer capítulo: 1. Cuestión de tiempo ) Puente Vittorio Emanuele II. Roma - Italia (©Settemuse.it) Daniela conversaba y fumaba con unos colegas afuera del edificio de la empresa. Estaba más tranquila. El fin de semana había decidido dejar apagado su celular, no encender la laptop y aceptar la invitación de una amiga para estar en la casa de campo de sus padres, a una hora y media de Milán. Se sintió muy a gusto, no se veían hace mucho tiempo y el sábado por la noche, luego de varias copas de vino, le contó entre lágrimas lo de Mariano. Le hizo bien desahogarse, recibir un abrazo, sentirse querida.

Crónica italiana: 4. Sálvame

(Capítulo anterior : 3. Nos vemos en Roma Primer capítulo: 1. Cuestión de tiempo ) Castello Sant'Angelo. Roma - Italia Mariano revisó su celular, intuyendo lo que podría haber provocado la actitud de Daniela. Efectivamente la llamada contestada de Francesca, su ex novia, estaba registrada. “Qué mierda le habrá dicho a Daniela esta loca” – murmuraba mientras marcaba el número. -          Hola amor, te sigo esperando, ¿Por qué me colgaste? -          No puedes seguir llamándome así, Fran. Lo sabes. -          Te digo amor porque te quiero, ¿Acaso tú no? -          Pero es diferente, ya hemos conversado tantas veces esto. -          Dime, ¿Vendrás? -          Estoy en tu casa en veinte minutos. -      ...

Crónica italiana: 3. Nos vemos en Roma

(Capítulo anterior: 2. La noche es frágil Primer capítulo: 1. Cuestión de tiempo ) Via della Conciliazione. Roma- Italia Daniela buscaba su iPod dentro de su cartera mientras el taxi avanzaba por las bohemias y no siempre limpias calles de la ciudad. Luego de colgarle el teléfono a Mariano, no había recibido más llamadas. Se percató de que su blusa no estaba completamente cerrada y se apresuró en abotonarse. A través de sus audífonos escuchaba las primeras notas de una canción que había cantado hace unas semanas junto a Mariano en un karaoke. Sonrió un poco y miró por la ventana, recordando la escena. No pasó mucho para que, tras un suspiro, comenzara a llorar. “Nunca llores por un idiota” - le había aconsejado a una amiga hace poco, era el momento de escuchar sus propias palabras y hacer lo mismo.

Crónica italiana: 2. La noche es frágil

(Primer capítulo: 1. Cuestión de tiempo ) Colonne di San Lorenzo. Milano - Italia El agua estaba helada y aunque el canal no era tan alto ni la corriente fuerte, el peso de su ropa le hacia difícil alcanzar a la joven que estaba con la cabeza sumergida. Parecía inconsciente cuando logró alzarla fuera del agua pero casi de inmediato ella reaccionó y se soltó. Era claro que no sabía nadar y la caída le había provocado algunas heridas. “Quizá tomó tanto como yo ayer” – pensaba mientras volvía a intentar llevarla a la orilla. Esta vez ella se aferró muy fuerte de su brazo izquierdo. Cuando parecían alcanzar tierra Pietro sintió un dolor muy fuerte en una de sus piernas. “¡¡Mierda, calambre!!”. Haciendo un gran esfuerzo, tragando agua, consiguió llegar al borde del canal. Fueron luego minutos largos en los que ambos permanecieron tendidos en el suelo, exhaustos.

Crónica italiana: 1. Cuestión de tiempo

Naviglio Grande. Milán - Italia "La fuerza de mi amor por ti contra el viento del olvido. Venceremos!" Para Pietro fue difícil dejar Madrid. Sentía que tenía muchas cosas pendientes, pero ningún plan para concretarlas. Una tarde de Junio se despidió de sus padres para irse a trabajar por tiempo indefinido a Milán. Su madre, una bella señora genovesa, siempre le aconsejó irse allá para hacer dinero. “ Pero no te acostumbres ” – solía decirle al final – quizás con la esperanza de que su único hijo pueda hacer una vida en Madrid cerca de ella.